Como argentinos tenemos la tradición en nuestro espíritu de querer ser soberanos, libres. Y la historia argentina así lo demuestra. La gesta de Malvinas sólo es una página más de la insubordinación que corre por nuestra sangre (todos los enfrentamientos contra las potencias en la conquista de la “Reina del Plata”, ingleses, franceses y portugueses), el pabellón siempre flameó en lo alto.
Malvinas sólo es parte de un reclamo histórico de un robo y un símbolo del colonialismo y del poder en estas tierras australes. Los hombres que forjaron y demostraron su valor en esas tierras, nos enseñaron que el combate no terminó, sino que cambió de escenario. Los gobiernos democráticos que se sucedieron y la corrupción mancillaron la entrega más profunda que tiene el ser humano, que es su propia vida. Hoy el combate no es detrás de un fusil. Ésta es la madre de todas las peleas: es la batalla cultural.
Nada jamás va a poder detener el germen de libertad, determinación y coraje; esos valores forjados desde los padres fundadores hasta el ejemplo más reciente en un conflicto bélico.
Más temprano que tarde, lo justo prevalece y todo sacrificio por entrega hacia una causa superior, siempre será tierra fértil de futuras conquistas.
Parece ser que algunas décadas después, algunos tipejos quieran usar el coraje de la sangre argentina vertida en las islas para sumar a su imagen de un gobierno en decadencia, y otros, prefieren no ver al enemigo en casa dándole la más absoluta entrega, para que nuestro enemigo maneje nuestra agenda.
Los políticos actuales se rasgan las vestiduras hablando de la causa Malvinas, cuando desde el fin del conflicto, se ocuparon por desmalvinizar culturalmente, humillando a nuestros héroes con el famoso «eran chicos». Esos héroes, eran hombres que le hicieron frente y humillaron al enemigo invasor. Por su parte, las sucesivas clases políticas (castas) se ocuparon de destruir a las fuerzas armadas, llevándolas a ser un tumulto de personas que no se plantean ni una hipótesis de conflicto. Boris Johnson hace unos días comunicó objetivos con relación a los territorios de ultramar, donde las islas formaron parte. El estado argentino sólo se ocupa de exigir mediante la palabra. ¿Acaso se piensan que el poder y la legitimidad sólo se logran pidiendo «por favor”?
La cantidad de recursos que hay en el Atlántico sur justifican que Gran Bretaña ratifique su poderío militar en las islas, ya que obtienen un gran caudal de dinero por ellos. ¿En serio piensan que con palabras van a lograr algo? La depredación que ocurre a unos pocos kilómetros de nuestras costas por los buques pesqueros ilegales, chinos en su gran mayoría, es la muestra del abandono del sueño de un futuro próspero para los argentinos. No hay que olvidar que vapulearon a nuestra marina mercante, dejando pasar por frente de nuestros ojos millones de pesos que hoy se necesitan para erradicar el hambre de tantos compatriotas. Dejar sin protección nuestras aguas y dar la espalda a proteger nuestras riquezas es desmalvinizar, y sin duda alguna, no querer la grandeza nacional. Nadie que ame estas tierras dejaría que los invasores se lleven lo que es nuestro.
Argentina tiene que volver a ser un país donde se planifiquen objetivos y estrategias. Donde las fuerzas armadas vuelvan a ser uno de los pilares fundamentales de la Nación. Donde en vez de rifar el porvenir de los argentinos, se utilicen todos los recursos para que el pueblo viva con dignidad en vez de la miseria en la que nos hundieron los que vociferan y reclaman algo que no aman. En vez de construir con los países vecinos objetivos en común, se pelean y nos alejan de la posibilidad que como sudamericanos protejamos lo que nos pertenece.
Todavía existen los trasnochados que prefieren estar gobernados por el enemigo, sin pensar que nuestra situación actual es netamente impuesta por el enemigo. Ni hablar de aquellos que quieren dividir a la Argentina en partes o republiquetas. Pero Malvinas seguirá siendo eso, la actitud de defensa de nuestro espíritu soberano intentando salir de las garras de nuestro enemigo histórico, lo opuesto a los espíritus débiles que prefieren la derrota con tal de no pelear. Esos ya perdieron desde un principio.
Malvinas sigue siendo el ejemplo de resistencia y valentía a pesar del adversario.
Malvinas es un hito de unión nacional, Malvinas es la esencia de lucha de un pueblo que defiende una causa. Malvinas es el gen de nuestro pueblo. Los «ismos» quedan de lado cuando este espíritu nos hermana. Eso queremos defender y conservar como un bien argentino tangible por su isla e intangible por la hermandad.
2 de Abril, Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas
Autor: Emmanuel Napolitano. Miembro del equipo de Buenos Aires de Nacido Para Gobernar.


