“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” son las palabras de Jesús citadas tanto en el Evangelio de Mateo capítulo 6 versículo 10, como en el de Lucas, capítulo 11 versículo 2.
Queda claro que es la voluntad del Padre que su Reino venga, avance y sea establecido definitivamente en la tierra. El corazón de muchos cristianos arde por cumplir su parte en esta proclamación.
Deseosos de ser usados por Dios, penetrando la sociedad, influenciando en el gobierno, los negocios, los medios de comunicación, las artes, la ciencia, la educación, transformar cada uno de estos pilares o montes, conquistar naciones para la gloria de Dios, se esfuerzan por llegar a la meta.
Sin embargo, con los dones y los talentos recibidos no es suficiente, con el deseo de servir no alcanza, y solo con buenas intenciones no se llega a ningún lado.
¿Es posible que un atleta gane una medalla sin haberse entrenado? ¿Un soldado cumple con éxito su asignación sin adecuada preparación y disciplina? ¿Un buen cirujano logra una operación quirúrgica exitosa sin haber tenido muchas horas de estudio y práctica?
¿Un hijo de Dios logra desarrollar su llamado y llegar a la meta sin oración?
El desear que Su Reino venga, se expresa en oración
Las palabras “Venga tu Reino” de Jesús se enmarcan en una de las enseñanzas a sus discípulos sobre la oración, que empieza diciendo: “Y cuando oren…” ¡Es un hecho que los discípulos de Jesús debemos orar!
Entonces, ¿cómo un discípulo de Jesús pretende conquistar la tierra para Cristo sin orar? ¡Es en la oración, profunda y ferviente donde comienza la acción! ¡Es donde Dios escucha el clamor de nuestro corazón, presta atención a nuestras súplicas, e inclina su oído a lo que hablamos con Él! ¡Es en la oración donde se define nuestro carácter! ¡A través de la oración ejercemos la Autoridad que hemos recibido!
“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.” Mateo 18:19.
¡Cuán poderosa y efectiva es la oración en unidad! Cuando nos reunimos como pueblo para pedirle a Dios por una nación, cuando corazones sinceros y comprometidos le invocan en comunión. ¡El poder que hay en la unidad, juntos en fe y propósito, es imparable!
¿Querés tu nación transformada por Dios? ¿que las familias sean bendecidas? ¿Te gustaría el gobierno de tu país se alinee a los principios divinos? ¿que la gloria de Dios se manifieste en los medios de comunicación? ¿Soñás con que las artes reflejen la grandeza de Dios? ¿Ansiás que la ciencia cuente las maravillas de Dios? ¿Anhelás que la educación inculque preceptos y revelaciones del Cielo? ¿Querés que Dios te use, en todo tiempo y en todo lugar, según sus planes perfectos?
Entonces, tenemos que orar. No solo es vital la oración individual, sino que es determinante la oración en unidad como pueblo de Dios.
Dice 2° Crónicas 7:14 “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”
La oración sincera de un pueblo, es oída por Dios, y respondida. La tierra es sanada, el territorio de ese pueblo es restaurado.
Una invitación a ser parte del clamor: ¡Venga tu Reino!
En Nacidos Para Gobernar semanalmente nos reunimos para orar por nuestra nación. De forma virtual, cada Sábado, a las 7 a.m., intercesores de todo el país comprometidos para los avances del Reino de Dios en Argentina, decididos a penetrar cada esfera de la sociedad, a ser luz y sal, conscientes de la realidad espiritual, acudimos a esta Convocatoria.
Porque entendimos que sin oración no hay preparación, ni conquista, no hay avance ni victoria, que en unidad se cumple el propósito y Dios respalda la asignación.
Somos un ejército. Si tenés un llamado al gobierno, si tenés vocación de conquista de cada área de la sociedad para Dios, si sabés que Dios te ha escogido para afectar el sistema, tu lugar en esta milicia te está esperando, para que venga Su Reino.
La invitación a ser parte está hecha.
VERÓNICA SACCHETTI


